La economía de Estados Unidos creció más de lo previsto en el segundo trimestre de 2026, aunque a un ritmo menor que en el primero. Según la tercera estimación de la Oficina de Análisis Económico (BEA), publicada el 30 de septiembre, el Producto Interno Bruto real avanzó a una tasa anualizada de 2,2%, una revisión al alza de 0,7 puntos porcentuales frente al 1,5% previo, que era también lo que esperaba el consenso de analistas (BEA; LSEG). El primer trimestre fue corregido de 2,1% a 2,5% en el marco de la actualización anual de las cuentas nacionales, de modo que el segundo representa una desaceleración frente al inicio del año. En términos corrientes la economía creció 8,5% anualizado, una cifra inflada por los precios, pues la diferencia con el crecimiento real implica un alza de precios cercana a 6% (BEA; cálculo propio).
El impulso vino de la demanda interna. El gasto de consumo real se aceleró hasta una tasa anualizada de 3,8% (BEA, vía EY) y la inversión fija privada no residencial creció 9,0%, impulsada por la construcción de centros de datos y por la inversión en propiedad intelectual (BEA; Haver Analytics). Las ventas finales reales a compradores privados internos, que suman consumo e inversión privada, aumentaron 4,6%. Desde el lado de los ingresos, el Ingreso Interno Bruto real creció 2,6% y el promedio con el PIB fue de 2,4% (BEA). Conviene matizar que los inventarios restaron 0,5 puntos porcentuales al crecimiento y que el gasto público cayó 1,1% (EY).
En precios y rentabilidad, el panorama es mixto. El índice de precios del gasto de consumo sin alimentos ni energía, la medida de tendencia de fondo que sigue la Reserva Federal, subió 3,3% anualizado, tres décimas menos que la lectura anterior, pero el índice general subió 5,0% por el alza de la energía, y ambos siguen por encima de la meta de 2% (BEA). Las utilidades corporativas de la producción corriente aumentaron 384.000 millones de dólares, aunque esa cifra fue revisada a la baja en 16.900 millones (BEA). En los hogares, la actualización anual elevó la tasa de ahorro del segundo trimestre a cerca de 4,4% (EY), pero los datos mensuales muestran que bajó a 4,1% en agosto desde 4,6% en julio (BEA), lo que sugiere que el consumo podría depender cada vez más de un menor ahorro.
Desde la política monetaria, los datos muestran una economía capaz de absorber tasas más altas, pero no despejan los riesgos. La Reserva Federal elevó su tasa en 25 puntos básicos el 16 de septiembre, hasta un rango de 3,75% a 4,00%, y proyecta una inflación de gasto de consumo de 3,7% para el cierre de 2026 (Reserva Federal), lejos de su meta. Además, el crecimiento depende en buena medida de la inversión ligada a la inteligencia artificial, mientras el ahorro de los hogares se reduce y la inflación sigue elevada. Por eso, la durabilidad del ciclo dependerá de que esa inversión se traduzca en mayor productividad, capaz de compensar el costo del financiamiento más caro y el menor margen de ahorro de las familias.


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