El comportamiento del consumo masivo en Venezuela sigue mostrando una profunda fragmentación estructural. Un reciente estudio analítico presentado por Pedro Quintana, profesor de mercado del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) e integrante de la junta directiva de Venamcham, ha identificado cinco perfiles sociodemográficos clave dentro de los hogares venezolanos. La investigación evalúa de forma pormenorizada el gasto trimestral destinado a bienes esenciales, evidenciando cómo el fenómeno inflacionario redistribuye la capacidad de compra de forma asimétrica según la composición familiar.
El estudio segmenta la canasta de consumo masivo abarcando categorías esenciales como alimentos, bebidas, proteínas, lácteos, medicinas, productos de cuidado personal y mantenimiento del hogar. Los resultados demuestran que las necesidades biológicas y el volumen de integrantes ejercen una presión determinante sobre el presupuesto familiar, por encima incluso de las estrategias individuales de ahorro.
El segmento de los veteranos con hijos capitanea el nivel de erogación con un promedio de 1.167 dólares trimestrales. Este fenómeno responde a una demanda consolidada de bienes que combina la alta rotación de alimentos con gastos ineludibles en educación, cuidado personal y salud en edades de pleno desarrollo.
Por su parte, los hogares extendidos representan el grupo mayoritario con un contundente 43% de la muestra (aproximadamente 8,5 millones de unidades familiares). Este núcleo se caracteriza por la convivencia de múltiples generaciones bajo un mismo techo, registrando el segundo gasto más robusto con 1.083 dólares al trimestre, impulsado netamente por el volumen de comensales.
En el renglón intermedio y bajo se posicionan las familias jóvenes (12%) con un desembolso de 990 dólares, seguidas de las tipologías de familia libre (11%) con 844 dólares. En la base de la escala de gasto se ubica el perfil de nido vacío (5%) con un promedio de 794 dólares trimestrales; una contracción financiera explicada por estructuras demográficas marcadamente reducidas y una menor tasa de reposición de bienes cotidianos.
Más allá del gasto nominal por segmento, el análisis liderado por Quintana pone el foco en la dinámica de precios que experimenta el mercado venezolano. La inflación interna no golpea las góndolas de manera uniforme. Durante el período evaluado, la variación de precios relativa se concentró de forma severa en las necesidades biológicas más rígidas.
El comportamiento de los índices sectoriales reveló las siguientes aceleraciones:
Cesta de alimentos básicos: +43,3% (El mayor incremento del período).
Mantenimiento del hogar: > +30,0%.
Productos lácteos: > +30,0%.





