La FIFA analiza la creación de FIFA Forward Enterprise, una nueva entidad comercial valorada en 20.000 millones de dólares que agruparía sus negocios y la organización de eventos. Esta filial, de propiedad exclusiva del organismo, mantendría el control total sobre la gobernanza del deporte, las competiciones y el calendario internacional. Sin embargo, la propuesta ya ha generado severas críticas dentro del fútbol europeo.
El plan prevé la posibilidad de abrir la puerta a inversores externos para que adquieran participaciones minoritarias sin derecho a control. Con este movimiento, la entidad busca recaudar hasta 4.200 millones de dólares con el objetivo explícito de reinvertirlos en el desarrollo del fútbol global. La iniciativa deberá ser presentada formalmente a las 211 federaciones miembro y al Consejo de la FIFA, quienes tendrán la decisión final en sus manos.
Para estructurar este complejo vehículo financiero, la FIFA se encuentra trabajando con banqueros de JPMorgan y cuenta con el asesoramiento de Greg Maffei, exdirector general de Liberty Media. Entre los posibles interesados destaca Thrive Eternal, una estrategia de inversión de la firma Thrive Capital —fundada por Joshua Kushner y respaldada por Bob Iger como asesor—, que recientemente adquirió una participación minoritaria en los San Francisco Giants de la MLB.
La respuesta del fútbol europeo no se ha hecho esperar. La UEFA reaccionó de inmediato advirtiendo que este plan «traspasa una línea que las instituciones que rigen el fútbol nunca deberían traspasar». A través de un comunicado, la organización europea enfatizó que «el alma y la gobernanza del fútbol no son activos con los que se pueda comerciar», e hizo un llamamiento urgente a federaciones, ligas, clubes y gobiernos para evaluar con extrema cautela el impacto de la medida.
Mientras el organismo rector del fútbol mundial ha evitado hacer comentarios inmediatos, la tensión política y financiera escala. El debate sobre el modelo comercial de la FIFA se intensifica en vísperas de una resolución que no solo definirá la entrada del capital privado a sus operaciones, sino que podría redefinir por completo la estructura económica del fútbol global.
Fuente Reuters




