Las remuneraciones del personal obrero, profesionales y gerentes del sector formal de la economía venezolana se mantuvieron en niveles marcadamente precarios durante el primer trimestre de este año. De acuerdo con la Encuesta Cualitativa a Cámaras Empresariales, levantada por Fedecámaras entre 136 gremios privados nacionales y regionales, las empresas operan bajo un severo entorno de restricciones. Este diagnóstico, que abarca a sectores clave como agricultura, manufactura, comercio, construcción y servicios —responsables históricos de cerca del 65% del valor agregado privado—, revela que las organizaciones acusan un bajo uso de su capacidad instalada y enfrentan fallas estructurales que van desde la brecha cambiaria hasta una crónicamente baja demanda interna.
En el mapa de la estructura salarial formal, el estudio detalla que el sueldo promedio mensual en el sector privado nacional se ubicó en 283 dólares. De forma desagregada, el salario mensual promedio de un obrero u operario fue equivalente a 223 dólares; el de un empleado profesional alcanzó los 471 dólares, mientras que la remuneración de un cargo gerencial llegó a 806 dólares. A pesar de la precariedad generalizada, se observó que los salarios de los obreros registraron el mayor incremento relativo del trimestre al incrementarse un 13,7% respecto al año anterior, medido en dólares oficiales. Sectorialmente, la manufactura destaca por ofrecer las mejores condiciones con medias de 274 dólares para obreros y 1.144 dólares para gerentes, en contraste con el sector comercial, donde los ingresos caen a 203 y 677 dólares en las mismas categorías debido a su alta absorción de mano de obra menos calificada.
Esta debilidad en los ingresos formales trasciende las fronteras de las empresas y se consolida, según diversas fuentes económicas, como una enorme barrera para alcanzar un crecimiento sostenido y con mayor equidad social. La deprimida capacidad de compra de la población mantiene la demanda interna en un estancamiento crónico, impidiendo que el circuito comercial e industrial tome un dinamismo vigoroso. Asimismo, este escenario de bajos salarios en el país con la inflación más alta del mundo actúa como un desincentivo estructural para los millones de migrantes asentados en el exterior, quienes, al evaluar el costo de oportunidad y poner sobre la balanza la decisión de regresar o no a Venezuela, optan por la permanencia en sus países de acogida ante la falta de horizontes económicos competitivos.
Por el lado de la oferta y la infraestructura productiva, las noticias tampoco son alentadoras, pues el informe ilustra que el 70% de las empresas opera con capacidad ociosa, dejando en promedio un 46,4% de sus instalaciones o maquinarias totalmente inutilizadas. El riesgo macroeconómico y financiero se posiciona como la principal preocupación para el 50,9% de los encuestados, un renglón alimentado específicamente por la brecha cambiaria (15,2%) y la persistente asfixia por la falta de financiamiento bancario (14,4%). A estas distorsiones se suma un complejo entramado de obstáculos que incluye la falta de divisas, una elevada presión fiscal, la incertidumbre política y jurídica que mina la confianza para inversiones de largo plazo, la escasez de combustible, el contrabando y la notable pérdida de mano de obra calificada.
A este adverso panorama operativo se añaden los severos colapsos en los servicios públicos, los cuales paralizan de forma directa las jornadas productivas. El racionamiento programado y los apagones eléctricos súbitos afectaron de manera directa al 86% de las empresas consultadas, provocando que para el 74% de ellas el impacto negativo sobre los niveles de producción fuera evaluado entre alto y muy alto. En paralelo, las severas fallas en la distribución y el acceso a combustibles como la gasolina y el diésel representaron un escollo crítico para el 40% de las cámaras empresariales participantes, entorpeciendo la logística, el transporte de mercancías y el traslado del personal hacia los centros de trabajo.
A pesar de este cúmulo de limitaciones estructurales que condicionan el desempeño del tejido empresarial, el estudio detectó una ligera resiliencia al registrarse un leve crecimiento de 0,9% en el volumen de negocio del sector privado durante el primer trimestre de 2026, en comparación con el mismo ciclo de 2025. Los resultados cualitativos muestran un panorama fragmentado: 49% de las cámaras indicó que su volumen se mantuvo igual, 27% reportó caídas y un 24% experimentó incrementos. No obstante, las expectativas para el cierre del año conservan un notable optimismo, proyectando una esperanza de crecimiento promedio de 16,3% para todo 2026, una recuperación que se espera sea liderada con fuerza por el sector inmobiliario con un repunte del 31,3% y el de la construcción con un 28%.




