El barril de petróleo Brent rozó nuevamente la barrera de los US$100 en el mercado de Londres, alcanzando su nivel más alto en dos meses tras registrar su quinta jornada consecutiva de incrementos. Esta fuerte escalada alcista se desató luego de que las milicias hutíes de Yemen, respaldadas por el régimen iraní, anunciaran un ataque militar directo contra dos petroleros de Arabia Saudita en el mar Rojo, provocando el incendio de al menos una de las embarcaciones. Las cotizaciones reaccionaron de inmediato: el Brent subió 5,83 dólares (un 6,2 %) posicionándose en 99,9 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) de Estados Unidos escaló un 5,08 % hasta los 91,24 dólares por barril, superando el umbral de los 90 dólares por primera vez desde mediados de junio.
Los recientes ataques perpetrados por el grupo yemení representan la apertura de un peligroso frente secundario en un conflicto regional severamente degradado. Las hostilidades entre Estados Unidos e Irán ya habían paralizado significativamente el tránsito a través del estrecho de Ormuz, canal por donde fluye gran parte del crudo extraído del golfo Pérsico. La situación empeoró sensiblemente tras la declaración oficial de Washington en la que se dio por terminado el acuerdo nuclear con Teherán, detonando una fractura total de la tregua y desencadenando una alarmante cadena de ofensivas cruzadas en la región.
La estrategia del grupo rebelde, financiado por Irán, no solo incluyó la incursión armada, sino también el anuncio explícito de un bloqueo naval formal sobre todos los envíos energéticos con origen o destino en Arabia Saudita. Esta nueva amenaza se concentra en el estrecho de Bab el-Mandeb, ubicado en el extremo sur del mar Rojo, un enclave marítimo de relevancia estratégica crítica por el que transita habitualmente cerca del 12% del comercio mundial y que funciona como el conector natural más rápido entre las rutas comerciales de Asia y el continente europeo.
El estrangulamiento simultáneo de los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb agrava las interrupciones en la logística internacional del petróleo y enciende las alarmas entre economistas e inversionistas globales. La imposibilidad de garantizar rutas marítimas seguras genera una profunda preocupación en los mercados financieros respecto al encarecimiento generalizado de los bienes, la presión inflacionaria y las graves implicaciones en materia de seguridad y suministro energético para las principales potencias importadoras.
Lejos de vislumbrar una pronta salida negociada, tanto las autoridades de Washington como las de Teherán han restado importancia a la reanudación de conversaciones diplomáticas de paz en los últimos días. Esta clara retórica de distanciamiento refuerza el consenso del mercado sobre una prolongación de las hostilidades bélicas, sepultando las expectativas de un diálogo a corto plazo que permita estabilizar la producción y distribución del recurso energético.
En este convulso escenario, la intensificación de las fricciones geopolíticas mantendrá un grado inédito de volatilidad en las pizarras de cotizaciones internacionales. Mientras persistan las amenazas de bloqueo marítimo en zonas neurálgicas del transporte de crudo y no existan garantías de neutralidad para los buques mercantes, la prima de riesgo sobre los precios del petróleo continuará presionando al alza la economía global.




