La economía global sufrirá un frenazo este año debido a las tensiones en Oriente Medio. En su último informe de Perspectivas Económicas Globales, el Banco Mundial (BM) redujo en una décima su previsión de crecimiento mundial hasta el 2,5%. Excluyendo los años de recesión de 2009 y 2020, este avance representa el ritmo más débil del comercio internacional desde 2008 y la tasa más contenida desde el estallido de la pandemia.
El principal motor de esta desaceleración es el bloqueo del estrecho de Ormuz, un paso marítimo clave cuyo cierre interrumpe el flujo de hidrocarburos y dispara los costes logísticos. Las cadenas de suministro se han visto obligadas a buscar rutas alternativas, encareciendo los portes marítimos y avivando una presión inflacionaria que ya impacta de forma directa en los costes energéticos globales.
De acuerdo con Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial, el mercado se enfrenta al mayor choque de oferta en más de 50 años. Desde febrero, el precio del petróleo ha escalado un tercio, el gas natural licuado ha subido un 40% y los fertilizantes un 50%, provocando una crisis que ya golpea a la producción agrícola. Bajo este escenario, el BM estima que el barril de crudo Brent promediará los 94 dólares en 2026 y que el precio de las materias primas repuntará un 22% este año, contrastando con la caída del 7% proyectada en enero.
La peor parte del impacto recaerá sobre las economías emergentes y de bajos ingresos, que verán los mayores recortes en sus expectativas de desarrollo. Mientras que las economías avanzadas crecerán un discreto 1,5%, los mercados emergentes avanzarán un 3,6%. El golpe será especialmente severo en la región de Oriente Medio, Norte de África, Afganistán y Pakistán, cuya previsión de expansión se desplomó 2,7 puntos porcentuales, situándose en apenas un 1,6%.
Finalmente, el informe advierte sobre el grave impacto social y estructural a largo plazo. Las proyecciones indican que para finales de 2026, una cuarta parte de las economías en desarrollo, un tercio de las naciones de bajos ingresos y la mitad de los territorios vulnerables o afectados por conflictos serán más pobres de lo que eran en 2019, revirtiendo años de progreso económico.



