El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente ha disparado la volatilidad y los precios del petróleo, llevando el crudo a superar los US$120 por barril. Esta escalada responde a los daños en infraestructuras energéticas clave y a los riesgos críticos en el Estrecho de Ormuz, el cual permanece cerrado desde hace más de un mes. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), este bloqueo representa la interrupción de suministro más severa en la historia del mercado petrolero.
Ante este escenario, la OPEP+ acordó aumentar la producción en 206,000 barriles diarios a partir del 1 de mayo de 2026. Aunque esta medida busca estabilizar el mercado, apenas cubre el 2 % del suministro perdido por el cierre del estrecho; no obstante, refleja la disposición del bloque para incrementar la oferta una vez se restablezca la vía marítima. La organización advirtió que los ataques a activos energéticos no solo implican altos costos de reparación, sino que vulneran la seguridad energética global.
El fin de semana la tensión alcanzó un nuevo pico tras las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien dio un ultimátum a Irán para reabrir el Estrecho de Ormuz antes del próximo martes, bajo la amenaza de atacar sus centrales eléctricas.
El petróleo Brent rozó los US $120 (con un aumento acumulado del 63 % en marzo, el mayor desde 1988),el día de hoy está en 109.17$ mientras que el WTI superó los US $111. El encarecimiento ya impacta en combustibles como el diésel y el jet fuel, lo que genera nuevas y peligrosas presiones inflacionarias a nivel global.
El aumento de producción anunciado (206,000 barriles) es, en términos económicos, un paño de agua tibia para una fiebre alta.
Al cubrir sólo el 2 % de lo que falta, la OPEP+ no está bajando los precios de inmediato, sino enviando un mensaje político: "Tenemos capacidad de respuesta, pero solo si la ruta de transporte es segura". En conclusión, estamos ante una crisis de seguridad energética. Mientras el Estrecho de Ormuz siga cerrado, ninguna cantidad de producción adicional (como la propuesta por la OPEP+) será suficiente para estabilizar los precios, ya que el problema no es cuánto petróleo existe, sino cómo moverlo hacia los países consumidores.





