La economía venezolana transita por un sendero de extrema fragilidad donde las metas oficiales suelen chocar con la realidad de la emisión monetaria. Tras cerrar abril de 2026 con una inflación mensual del 10,6%, el Banco Central de Venezuela (BCV) alimentó la expectativa de que en mayo finalmente se alcanzaría la tan ansiada cifra de un solo dígito. Sin embargo, los datos más recientes sugieren que este objetivo podría verse retrasado por la persistente expansión de la base monetaria y los ajustes en la política de bonificaciones.
El principal obstáculo para la estabilidad de precios sigue siendo la "dominancia fiscal", es decir, el uso de la emisión de dinero por parte del BCV para financiar el déficit del Estado y de empresas públicas. A inicios de mayo de 2026, se observa una radiografía monetaria preocupante: la relación entre la liquidez (M2) y las reservas internacionales subió del 20% en enero al 26% en mayo. Esto indica que la cantidad de bolívares en circulación está creciendo por encima de la capacidad de las reservas para respaldarlos, lo que presiona el tipo de cambio, el cual la última semana de mayo superó los 540 Bolívares por dólar.
A esta inyección de liquidez se suma el incremento del Ingreso Mínimo Integral (IMI) a 240 dólares, anunciado a finales de abril. Aunque el Ejecutivo ha implementado este ajuste mayoritariamente a través de bonos sin incidencia salarial para intentar mitigar el impacto inflacionario, la realidad es que representa un mayor flujo de bolívares persiguiendo pocos bienes. De hecho, economistas independientes ya han alertado sobre una aceleración de los precios durante el mes de mayo, sosteniendo que existe una fuerte resistencia para que la tasa inflacionaria continúe su descenso.
Bajo este escenario, es poco probable que la meta del dígito único se consolide de forma sostenible en el corto plazo. Mientras el financiamiento monetario siga siendo la válvula de escape para el gasto público, las expectativas de los agentes económicos se mantendrán ancladas a la devaluación. Venezuela acumula ya más de doce meses con inflación de dos dígitos, y el repunte de la base monetaria en mayo actúa como un combustible que aviva el ciclo de alza de precios.
¿Es posible construir un edificio económico sólido si los cimientos de la estabilidad macroeconómica, como inflación baja y moneda estable, siguen siendo vulnerados por la urgencia fiscal? El reto para el país no es solo emitir bonos para compensar la pérdida de poder adquisitivo, sino generar la confianza necesaria para que el ciudadano no corra hacia el dólar cada vez que recibe un bolívar adicional. La reflexión que nos queda es si estamos ante una recuperación real o simplemente ante un alivio temporal financiado por una emisión monetaria que, a la larga, siempre termina pasando factura al bolsillo del trabajador.



