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Banca y Finanzas

¿Qué es la inflación? orígenes, y herramientas de estabilización

Mariela Torrico Armaza

Mariela Torrico Armaza

Análisis Económico

5 min de lecturaAlto Impacto
¿Qué es la inflación? orígenes, y herramientas de estabilización
¿Qué es la inflación? orígenes, y herramientas de estabilizaciónFoto: Mercadato

Controlar la inflación requiere que el banco central y el gobierno trabajen en la misma dirección

Puntos Clave

  • Controlar la inflación requiere que el banco central y el gobierno trabajen en la misma dirección

  • Inflación

  • Categoría: Banca y Finanzas

  • 5 minutos de análisis editorial.

La inflación es el aumento generalizado y sostenido de los precios de bienes y servicios en una economía a lo largo del tiempo, lo que se traduce en una pérdida del poder adquisitivo y del valor real de la moneda. Este fenómeno afecta las tres funciones básicas del dinero, ya que deja de servir igual de bien como medio de pago, como unidad para medir precios y como forma de guardar valor en el tiempo.

Sus orígenes responden a distintos factores que suelen combinarse entre sí. La inflación de demanda ocurre cuando lo que la gente y el Estado quieren gastar supera lo que la economía es capaz de producir, algo que suele impulsarse por un gasto público expansivo o por un crédito bancario que crece demasiado rápido. Desde la visión monetarista, que se apoya en la llamada ecuación cuantitativa del dinero (la idea de que el nivel de precios depende de cuánto dinero circula en relación con lo que realmente se produce), la causa principal de la inflación a largo plazo es que la cantidad de dinero en la economía crece más rápido que la producción real. Por otro lado, la inflación de costos surge cuando insumos clave como la energía, los combustibles o las materias primas se encarecen, y las empresas trasladan ese mayor costo al precio final que paga el consumidor. Existe además una tercera mirada, la estructuralista, que explica la inflación a partir de las rigideces propias de ciertos sectores productivos, que no logran ajustar su oferta con la rapidez suficiente y generan presiones de precios.

También se distinguen distintos tipos de inflación según qué se mide y qué tan intensa es. La inflación general toma en cuenta la canasta completa de consumo, mientras que la inflación subyacente deja fuera los componentes más volátiles, como los alimentos frescos y la energía, para mostrar mejor la tendencia de fondo de los precios. Según su intensidad, se habla de desinflación cuando los precios siguen subiendo pero cada vez más lento, de hiperinflación cuando los aumentos superan el 50% mensual o alcanzan tasas anuales extremas, y de estanflación cuando conviven una inflación alta, un desempleo elevado y una economía estancada, una combinación que rompe con la relación habitual entre inflación y desempleo.

Controlar la inflación requiere que el banco central y el gobierno trabajen en la misma dirección. Los bancos centrales suelen subir sus tasas de interés para encarecer el crédito y frenar la demanda, y complementan esto vendiendo títulos de deuda para retirar dinero de circulación, o subiendo el encaje legal (el porcentaje de los depósitos que los bancos deben mantener sin prestar) para limitar cuánto dinero nuevo pueden crear. Desde el lado fiscal, reducir el déficit público es clave para que la gente confíe en que los precios se van a estabilizar, y según qué tan grave sea el cuadro inflacionario, los gobiernos pueden aplicar programas de estabilización ortodoxos, basados en el ajuste monetario y fiscal clásico, o heterodoxos, que combinan ese ajuste con medidas como controles temporales de precios o de salarios.

Fuente: Análisis interno Mercadato.
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