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Banca y Finanzas

El Crecimiento Venezolano en 2026: Proyecciones del BCV

Mariela Torrico Armaza

Mariela Torrico Armaza

Análisis Económico

5 min de lecturaAlto Impacto
El Crecimiento Venezolano en 2026: Proyecciones del BCV
El Crecimiento Venezolano en 2026: Proyecciones del BCVFoto: Mercadato

Las proyecciones del BCV para el cierre de 2026 se mantienen optimistas, apuntando a un crecimiento del 8% anual. Esta confianza se apoya en la desaceleración de la inflación, que en mayo alcanzó su cifra más baja en 19 meses al situarse en 6,3%, y en la estabilidad del tipo de cambio oficial

Puntos Clave

  • Las proyecciones del BCV para el cierre de 2026 se mantienen optimistas, apuntando a un crecimiento del 8% anual. Esta confianza se apoya en la desaceleración de la inflación, que en mayo alcanzó su cifra más baja en 19 meses al situarse en 6,3%, y en la estabilidad del tipo de cambio oficial

  • Banco Central

  • Categoría: Banca y Finanzas

  • 5 minutos de análisis editorial.

El comportamiento de la economía venezolana durante el primer trimestre de 2026 revela una fase de ajuste caracterizada por una moderación en su ritmo de expansión. Según los reportes oficiales del Banco Central de Venezuela (BCV), el Producto Interno Bruto (PIB) consolidado registró un crecimiento del 2,51% entre enero y marzo. Si bien esta cifra marca el vigésimo trimestre consecutivo de incremento, representa una desaceleración respecto al dinamismo observado al cierre de 2025, cuando la economía creció por encima del 7%. Este fenómeno responde principalmente a un desempeño dual: mientras la actividad no petrolera logró mantenerse en terreno positivo con un alza del 3,11%, el sector de los hidrocarburos enfrentó una contracción del 2,12%.

La resiliencia de la actividad no petrolera ha sido fundamental para amortiguar el balance general. El dinamismo estuvo liderado por el sector de instituciones financieras y seguros, que escaló un notable 13,46%, seguido por el comercio y la reparación de vehículos con un 8,67%. Otros rubros como manufactura (6,35%) y agricultura (5,44%) también aportaron al crecimiento, evidenciando una incipiente diversificación productiva impulsada por el consumo interno. En contraste, la construcción sufrió una severa caída del 18,30%, un dato que enciende alarmas tras varios periodos de expansión sostenida. Por su parte, la caída del PIB petrolero se atribuye a un exceso de inventarios acumulados y a los efectos residuales de bloqueos logísticos previos.

A pesar de este inicio de año más pausado, las proyecciones del BCV para el cierre de 2026 se mantienen optimistas, apuntando a un crecimiento del 8% anual. Esta confianza se apoya en la desaceleración de la inflación, que en mayo alcanzó su cifra más baja en 19 meses al situarse en 6,3%, y en la estabilidad del tipo de cambio oficial. No obstante, el cumplimiento de estas metas dependerá de la capacidad de los sectores industriales para superar cuellos de botella operativos y de la regularización del flujo de divisas en el mercado cambiario.

¿Es este crecimiento del 2,5% un síntoma de estabilización genuina o simplemente una pausa en el proceso de recuperación? La respuesta reside en si el impulso del consumo y los servicios puede compensar las fluctuaciones del petróleo y reactivar sectores deprimidos como la construcción. Analizar estas cifras nos obliga a preguntarnos: ¿cuánto de este crecimiento macroeconómico se está traduciendo realmente en una mejora del poder adquisitivo para el ciudadano común?

Fuente: Análisis interno Mercadato.
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