En la Gaceta Oficial del BCV publicada el 11 de septiembre, cuya fecha de vigencia entró en rigor desde el 15 de septiembre, se incluye la medida comentada sobre la reducción del encaje legal sobre los depósitos a plazo en bolívares de 73% a 50%, la primera rebaja desde que la tasa se fijó en 73% en 2022. Para los bancos microfinancieros, la tasa sobre esos depósitos bajó de 40% a 27%. El encaje es la parte de los depósitos que los bancos deben mantener inmovilizada en el BCV y que no pueden prestar. Lo importante es lo que no cambió, porque el 73% sigue vigente para las cuentas corrientes y de ahorro, que concentran 99,4% de la captación. Los depósitos a plazo representan apenas 0,61% de las captaciones, de modo que la rebaja libera unos 9 millones de dólares, menos de 0,3% de la cartera de crédito, según el análisis de El Estímulo. Los economistas Luis Oliveros y Leonardo Vera la calificaron de poco relevante, y Vera la describió como una señal de política más que un cambio con efectos reales.
La norma también endureció las sanciones. Cuando un banco no cubre el encaje, paga al BCV un costo financiero sobre el monto faltante, calculado con la tasa que fija el propio BCV para el déficit, más un recargo de 2 puntos porcentuales si hay entre 3 y 7 incumplimientos en 30 días continuos, o de 4 puntos si hay 4 o más en 8 días continuos. El efecto práctico es el mismo en cualquier caso, y es que los bancos prefieren mantener saldos ociosos antes que arriesgarse a una multa, lo que los vuelve más selectivos al prestar. Asdrúbal Oliveros advirtió que la combinación de medidas encarece la intermediación, es decir, el paso de los depósitos al crédito. A esto se suma que la tasa mínima de los créditos comerciales en Unidades de Valor de Crédito subió de 13% a 16%.
En este sentido, es importante entender por qué un encaje alto limita el crédito. En un estudio del Banco de Pagos Internacionales sobre Brasil, Barroso, Gonzalez y Van Doornik encontraron que relajar el encaje aumenta el crédito de los bancos afectados frente a los que no lo están, que endurecerlo tiene el efecto contrario, y que el efecto de la relajación es en promedio cerca de dos veces mayor que el del endurecimiento. Los bancos con más liquidez atenúan el efecto de la política. En Venezuela, la rebaja alcanza a una porción tan pequeña de los depósitos que el canal de crédito apenas se activa. En el plano monetario, un encaje alto absorbe bolívares que de otro modo podrían convertirse en préstamos, y por eso el BCV lo usa para contener la liquidez, la presión sobre el tipo de cambio y la inflación. Sin embargo, la inflación interanual fue de 534,21% en agosto, mientras que la de septiembre fue de 465,58%, aunque notablemente más baja en comparación, este instrumento por sí solo no ha logrado estabilizar los precios.
Esto se refleja en un crédito muy bajo, equivalente a 3,4% del PIB según Ecoanalítica, frente a un promedio latinoamericano de alrededor de 47,6%. La banca concentra su actividad en pocas entidades. A septiembre, la cartera neta del sistema era de 4.123 millones de dólares frente a captaciones de 6.555 millones, según Global Scope, lo que implica una razón de intermediación de 62,9%. Los bancos grandes difieren, Banco de Venezuela, el mayor por captaciones, presta cerca de 48% de lo que capta, pero estos son casos individuales y no promedios del sector público y privado, que las fuentes consultadas no separan. En julio, el BCV y la banca evaluaron un programa de créditos para reparar viviendas tras el doble sismo, que se financiaría con divisas para no afectar la masa monetaria. La reducción de las trabas al crédito dependerá más de una menor inflación y de un mayor orden fiscal que de ajustes puntuales al encaje, que por ahora mantiene al sistema en un equilibrio de poco crédito y alta liquidez inmovilizada.
Fuentes: BCV, Resolución N° 26/08/02, Gaceta Oficial Extraordinaria N° 7.073, vía Finanzas Digital, 21 de octubre de 2026; El Estímulo, 22 de octubre de 2026; Global Scope, vía Finanzas Digital, septiembre de 2026; EFE, vía Diario Libre, 24 de julio de 2026; Barroso, Gonzalez y Van Doornik, BIS Working Paper 674, 2017; Urdaneta, Borgucci y Mejía Flores, Revista Ciencia UNEMI, 2020.



